Pedro Porro
Pedro Porro. Mientras esperaba su turno para hablar en la zona mixta, se sentó en una silla y desfundó el móvil. No decía nada. Andaba con el morro fruncido. Solo atinó a sonreír cuando le preguntaron por su hermanito, Keyne. “Es todo para mí. Es como si fuera un hijo y estoy enamorado de él. Me em…

El País