Riders
Riders. Son las tres de la tarde y el asfalto de Madrid quema. El aire se siente tan pesado que las ondas de calor, esas que se ven al mirar un punto vacío, podrían cortarse con un cuchillo. Carlos Correa no mira el móvil ni los pedidos: busca sombra. Un parque, un centro comercial, cualquier resqu…


El País