Pasión de Gavilanes
Pasión de Gavilanes. Todos los días a partir de las 16.00, tras, probablemente, comer con mi madre un buen plato de macarrones tiburón o una merluza fresca con patatas de mi abuela, me tumbaba como una fiera inquieta en aquel sofá de cuero negro que tantas veces compartí con mis padres. Tenía 16 añ…

El País