Andrés
Andrés. “Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. D…

El País