Victor de Aldama
Victor de Aldama. Ha tenido que irse el Papa, que parecía que no se iba nunca, para que brotara de repente un santo súbito en esta vieja tierra de pecadores y pícaros. Lo conocen, seguro. Últimamente, se aparece día y noche en las teles más devotas con sus ojos de cordero degollado que quita el pec…

El País